El 23 de junio, al anochecer, se prendían las hogueras con las que se intentaba ayudar al sol a mantener su vigor. Tras apaciguarse las llamas de las piras, comenzaban los ritos acuáticos, pues se consideraba que durante la noche sanjuanera las aguas, en todas sus formas, poseían virtudes fabulosas, protectoras y sanadoras. Durante la madrugada, también se buscaban ciertas plantas, pues se creía que, recogidas adecuadamente, gozaban de propiedades maravillosas que perduraban hasta el siguiente solsticio de verano.
Todos estos rituales no traspasaban la alborada del 24 de junio, pues se desarrollaban íntegramente durante la noche de la víspera y la madrugada del día de San Juan.
Tras el retorno a los cielos del sol, el fuego cósmico, se celebraban los cultos cristianos en honor al Bautista y las romerías populares.
En este libro se analiza el origen, desarrollo y extensión de los rituales solsticiales en Cantabria, tanto de los de probable origen pagano, en torno al fuego, al agua y a los vegetales, como de los de raíz cristiana, que giran alrededor del profeta.

