Humor absurdo y no tan absurdo

El monstruo que amaba a las gasolineras

La psiquiatra de Pine Cove ha decidido sustituir los antidepresivos que administraba a todos sus pacientes por placebos, así que naturalmente, o más bien artificialmente, la clientela del club de blues local se ha disparado. El problema es que la melancólica música también ha atraído a Steve, una gigantesca bestia marina con cierta obsesión por los camiones de combustible.


Guía del autoestopista galáctico

Es un jueves perfecto para demoler una casa, propiedad de Arthur Dent, y desintegrar el planeta Tierra. Funcionarios del Estado, gen-te de imperturbables ideas fijas, sean empleados del ayuntamiento o tripulantes de una Flota Constructora procedente de un planeta a años luz, abren una vía de circunvalación local y una gran autopista hiperespacial. Es el momento idóneo para tomarse una copa y hacer autoestop galáctico.

En peligro inminente de extinción, recurriremos a la Guía del autoestopista galáctico, gran bestseller universal. Douglas Adams creó un universo de palabras e imágenes en expansión con el humor y la Energía de la Improbabilidad como motor y combustible narrativos. Máquina de ocurrencias frenéticas y risa lisérgica, adivinó con instinto vidente un futuro de libros electrónicos, traductores instantáneos biotecnológicos e industrias dedicadas a la construcción de planetas de lujo. ¿Y si la Tierra fuera uno de esos planetas artificiales, un ordenador colosal pagado y manejado por ratones para descubrir el sentido de la existencia, y destruido cinco minutos antes de la gran revelación?


Los rascacielos

Agenor-Agobar Poirier des Chapelles y Willigis Kittycly Junior, son vecinos y multimillonarios. El primero comienza a ampliar su lujosa mansión y el segundo no tarda en seguirle. Pronto esto se convierte en una competición que lleva a que sus casas se conviertan en auténticos rascacielos. Con tal de lucir su prestigio, ninguno de los dos se detendrá ante cualquier exceso. Así, tratan de superarse sin cesar, hasta que los arquitectos tratan de hacerles comprender que es imposible continuar. Pero los dos multimillonarios hacen oídos sordos y deciden seguir con su particular competición. Las plantas siguen subiendo, tanto como su estupidez, lo que hará que la caída sea todavía más dura.

Una hermosa fábula sobre la locura de los hombres , una crótica llena de humor sobre el mundo moderno y la competencia a cualquier precio.


La conjura de los necios

La Conjura De Los Necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia.

Ignatius J. Reilly es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.


Y también

La Tía Mame

Un niño de diez años queda huérfano en la poco edificante América de mil novecientos veinte y es puesto bajo la potestad de una dama excéntrica, obsesionada por estar à la page, vital, caprichosa, seductora y adorable. Junto a ella, pasará los siguientes treinta años en una espiral incesante de fiestas, amores, aventuras y diversos golpes de fortuna. El lector, atónito, suspendido entre la fascinación de advertir muchos de los risibles tics de su propia época y la carcajada explosiva de quien se ve arrastrado hacia un vertiginoso torbellino, vivirá lo cómico en todos sus registros, «desde el dickensiano hasta el pastel lanzado a la cara» (en ajustadas palabras de Pietro Citati). Y todo ello por obra y gracia de una de las tías más inolvidables que haya concebido nunca un escritor moderno, cuyo perfume sentimos flotar en el aire, con las lágrimas presentes aún en nuestros ojos, mucho después de haber cerrado el libro.


Groucho y Yo

Groucho y yo: Fundidos en uno solo, Groucho y su yo escribieron este libro indescriptible. Y es que aunque uno y otro sean de naturaleza muy similar, también son, paradójicamente, muy distintos. En tanto que Groucho, insumiso, entrometido, criticón e insolente mujeriego, dinamita la sociedad y siembra el desconcierto, el yo-de-Groucho sólo piensa en enriquecerse y medrar en esa misma sociedad. Pero lo cierto es que los dos gozan por igual del don privilegiado de hacernos morir de risa.

ISMAEL DIAZ
librosanais@gmail.com
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