Joan Margarit

16 noviembre, 2019

La tarea del poeta, igual que la de arquitecto, consiste en construir una estructura sólida. Un poema tiene que conseguir la solidez con el menor número de palabras y de esta exactitud viene su poder de consolación.

 

“Me interesa la cultura; lo demás no tiene solución”

 

Natural de Lérida, Joan Margarit es un poeta bilingüe en castellano y catalán , arquitecto de profesión y catedrático de Cálculo de Estructuras acumula premio tras premio por su obra poética desde 1982 hasta ser reconocida su obra con el premio Cervantes 2019 fallado en el día de ayer.

Sus primeros poemas en castellano publicados datan de 1963, desde Cantos para la coral de un hombre solo,  y en 1980 publica en catalán, L’ombra de l’altre mar.

Desdeña las corrientes poéticas y considera que, fuera de la poesía, el hombre se encuentra a la intemperie, valorando al poeta como “el ser más realista, el más pragmático, porque bebe de la realidad. Lo que no es pragmático es la economía

En su poesía predomina el verso libre, en el que busca la verdad afrontando con pasión las durezas de la vida: «Todo lo que es sucio, ruidoso, feo, cansado y violento»

 

Es la razón de nuestra vida,

dijimos, estudiantes soñadores.

La razón de los viejos, matizamos ahora,

su única y escéptica esperanza.

La libertad es un extraño viaje.

Son las plazas de toros con las sillas

sobre la arena en las primeras elecciones.

Es el peligro que, de madrugada,

nos acecha en el metro,

son los periódicos al fin de la jornada.

La libertad es hacer el amor en los parques.

Es el alba de un día de huelga general.

Es morir libre. Son las guerras médicas.

Las palabras República y Civil.

Un rey saliendo en tren hacia el exilio.

La libertad es una librería.

Ir indocumentado.

Las canciones prohibidas.

Una forma de amor, la libertad.

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